La tragedia que terminó con la vida de 25 jóvenes en cercanías de Puerto Madryn tuvo como detonante un factor tan imprevisible como letal: un cambio brusco del viento. En cuestión de minutos, el incendio forestal modificó su comportamiento y avanzó con una violencia que dejó atrapados a quienes colaboraban en las tareas de contención.

Las investigaciones posteriores señalaron que el fenómeno climático fue determinante para explicar la magnitud del desastre, aunque también expusieron falencias estructurales en la planificación y en los sistemas de alerta. La falta de información en tiempo real y de equipamiento adecuado agravó una situación ya de por sí extrema.

Con el paso del tiempo, la historia de los bomberitos se transformó en memoria colectiva. Actos, homenajes y relatos mantienen vivo el recuerdo de aquellos jóvenes que perdieron la vida en el intento de ayudar, y refuerzan un reclamo persistente: que tragedias como esta no vuelvan a repetirse.

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